domingo, 19 de febrero de 2017

BREVES APOSTILLAS SOBRE LA RISA


Para entender la comedia es necesario hablar primero de la risa. La risa como la consecuencia y (paradójicamente) no el fin de la comedia. Cuando hablamos de la risa bien podríamos quedarnos en la mera acción ejecutada por nuestro cuerpo para manifestar el goce momentáneo y (paradójicamente) no necesariamente la felicidad.

En principio, no conozco ningún estudio acerca de la risa en el cretáceo, el pleistoceno o el mesozoico que nos arroje luces acerca del comportamiento de los dinosaurios en ese sentido, aunque el análisis somero del cráneo de un tiranosaurio nos indique que el animal tenía los dientes y la mandíbula lo suficientemente desarrollados como para protagonizar un comercial de pasta dental. Ahora bien, en perspectiva los tiranosaurios son los animales cuyos cráneos fosilizados casi siempre están sonrientes, algo obvio si consideramos que no había depredador posible, siendo en ese sentido muy parecidos a tipos como Donald Trump o cualquiera de los pontífices de este siglo y el pasado, excepto Benedicto XVI a quien (paradójicamente) la risa le sobrevino después de su papado, cuando su país venció al de su sucesor en la final del Mundial de fútbol de Brasil. 

Ahora bien, el Dr. Jaak Panksepp, de la Universidad de Washington, publicó en el año 2005 en la revista Science, un artículo que cada vez que lo veo reseñado en Facebook dicen que es reciente. En dicho artículo, el Dr. Panksepp afirma que los animales también se ríen. El hecho de que haya investigadores invirtiendo tiempo y recursos que bien podrían destinarse a combatir el hambre en África, la contaminación en Los Ángeles o la ignorancia en los grupos de ultraderecha, solo para observar a los chimpancés reírse, cosa que fácil hubiesen podido indagar viendo Tarzan o yendo a una fiesta de reguetoneros, demuestra que el estudio de la risa es algo muy serio. De hecho, las conclusiones a las cuales han llegado son realmente sorprendentes. Es singular por ejemplo, el descubrimiento de que las ratas también se ríen cuando les hacen cosquillas y no solo cuando logran prevaricar. En este momento estimado lector, es posible que usted tenga que hacer un alto en la lectura para que su calenturienta mente se solace imaginando la figura de un valioso científico haciendo cosquillas a una rata[1] y de paso, en algunos casos que espero que sean muy pocos, en buscar en el diccionario, el significado de los verbos solazar[2] y prevaricar[3].   

Regresando nuestro asunto, el estudio de la risa en los animales nos permite considerarla como un producto de nuestra evolución como especie, inherente a los humanos pero no excluyente de otras criaturas, luego, esto nos lleva a preguntarnos acerca de la naturaleza de su existencia, a las preguntas substanciales acerca de la risa: ¿Desde cuándo nos reímos? ¿Por qué nos reímos? ¿Cómo es que nos reímos? ¿Para qué nos sirve reír? ¿Por qué te ríes de las estupideces que hace y dice  tu tío cuando está borracho? ¿Por qué te ríes de la desgracia ajena? ¿Por qué lleno este párrafo con preguntas que parecen ser puestas para rellenar espacio? 





[1] Ejercicio de programación neurolingüística: Trate de pensar en el científico haciendo cosquillas a la rata sin que a su mente llegué la imagen de un delicioso plato de comida china.
[2] Solazar: Dar solaz a una persona o a una parte o facultad suya.
[3] Prevaricar: Cometer el delito de prevaricación.

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