Para entender la comedia es necesario
hablar primero de la risa. La risa como la consecuencia y (paradójicamente) no
el fin de la comedia. Cuando hablamos de la risa bien podríamos quedarnos en la
mera acción ejecutada por nuestro cuerpo para manifestar el goce momentáneo y
(paradójicamente) no necesariamente la felicidad.
En principio, no conozco ningún
estudio acerca de la risa en el cretáceo, el pleistoceno o el mesozoico que nos
arroje luces acerca del comportamiento de los dinosaurios en ese sentido,
aunque el análisis somero del cráneo de un tiranosaurio nos indique que el
animal tenía los dientes y la mandíbula lo suficientemente desarrollados como
para protagonizar un comercial de pasta dental. Ahora bien, en perspectiva los
tiranosaurios son los animales cuyos cráneos fosilizados casi siempre están
sonrientes, algo obvio si consideramos que no había depredador posible, siendo
en ese sentido muy parecidos a tipos como Donald Trump o cualquiera de los
pontífices de este siglo y el pasado, excepto Benedicto XVI a quien (paradójicamente)
la risa le sobrevino después de su papado, cuando su país venció al de su
sucesor en la final del Mundial de fútbol de Brasil.
Ahora bien, el Dr. Jaak Panksepp,
de la Universidad de Washington, publicó en el año 2005 en la revista Science, un
artículo que cada vez que lo veo reseñado en Facebook dicen que es reciente. En
dicho artículo, el Dr. Panksepp afirma que los animales también se ríen. El
hecho de que haya investigadores invirtiendo tiempo y recursos que bien podrían
destinarse a combatir el hambre en África, la contaminación en Los Ángeles o la
ignorancia en los grupos de ultraderecha, solo para observar a los chimpancés
reírse, cosa que fácil hubiesen podido indagar viendo Tarzan o yendo a una
fiesta de reguetoneros, demuestra que el estudio de la risa es algo muy serio.
De hecho, las conclusiones a las cuales han llegado son realmente
sorprendentes. Es singular por ejemplo, el descubrimiento de que las ratas
también se ríen cuando les hacen cosquillas y no solo cuando logran prevaricar. En este momento estimado lector, es posible que usted tenga que
hacer un alto en la lectura para que su calenturienta mente se solace imaginando
la figura de un valioso científico haciendo cosquillas a una rata[1]
y de paso, en algunos casos que espero que sean muy pocos, en buscar en el
diccionario, el significado de los verbos solazar[2]
y prevaricar[3].
Regresando nuestro asunto, el
estudio de la risa en los animales nos permite considerarla como un producto de
nuestra evolución como especie, inherente a los humanos pero no excluyente de
otras criaturas, luego, esto nos lleva a preguntarnos acerca de la naturaleza
de su existencia, a las preguntas substanciales acerca de la risa: ¿Desde
cuándo nos reímos? ¿Por qué nos reímos? ¿Cómo es que nos reímos? ¿Para qué nos
sirve reír? ¿Por qué te ríes de las estupideces que hace y dice tu tío cuando está borracho? ¿Por qué te ríes
de la desgracia ajena? ¿Por qué lleno este párrafo con preguntas que parecen
ser puestas para rellenar espacio?
[1] Ejercicio
de programación neurolingüística: Trate de pensar en el científico haciendo
cosquillas a la rata sin que a su mente llegué la imagen de un delicioso plato
de comida china.
[2] Solazar:
Dar solaz a una persona o a una parte o facultad suya.
[3]
Prevaricar: Cometer el delito de prevaricación.
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