Pese a lo que nos muestren en
cualquiera de las múltiples versiones de la historia de Moisés la verdad es que
los egipcios no eran malas personas. De hecho, ni Moisés ni los hebreos jamás
fueron esclavos de los egipcios, tal y
como lo han demostrado las más recientes investigaciones, dado que los egipcios
no tenían esclavos, por lo menos no en el sentido que le damos a la palabra
esclavo. Los únicos esclavos existentes en Egipto eran los prisioneros de
guerra, quienes realizaban trabajos forzados para el faraón y quienes no fueron
los encargados de la construcción de las pirámides ya que estás últimas fueron
construidas por hombres libres y con salario, lo cual desvirtúa toda la
parafernalia impuesta a la descripción de la salida de Egipto por parte de los
hebreos. Cuando se habla de un salario no quiere decir necesariamente que estos
hombres tenían derecho a prestaciones, prima vacacional, gratificación
navideña, ni bono pensional, pero definitivamente si se denota que había
libertad. Obvio. Los egipcios eran gente feliz. Por algo aún quedan evidencias físicas
de que construyeron algo, no tanto como lo que pasa con los hebreos cuya única
evidencia está en la Biblia y en un muro que sirve para lamentarse.
Volviendo a los egipcios, estos
tenían en Hathor a la divinidad que representaba a la alegría, la danza, la
música y por supuesto la risa. Porque para ellos la risa era algo digno de
tener una divinidad y no cualquier divinidad, porque Hathor era ni más ni menos
que hija de Ra y esposa de Horus. Eso la pone en un lugar preponderante en el
panteón egipcio. A Hathor se le representaba con cabeza de vaca, o como una
vaca entera con la piel manchada de estrellas. En español colombiano vulgar podía
decirse que Hathor era “la vaca que más cagaba”, tanto así que su influencia
alcanzó a las iglesias cristianas del siglo XVI, gracias a un ritual conocido
como “Risus Paschalis” en el cual los
sacerdotes no solo se atrevían a ser graciosos (o pretenderlo) sino que en aras
de lograr la risa terminaban hasta haciendo cosas obscenas desde el pulpito[1],
algo que en ese entonces era considerado gracioso y ahora es considerado asqueroso.
Ahora, si bien es cierto que no
en todas las versiones Hathor es la esposa de Horus, ya que en algunos mitos
aparece como su madre, todas coinciden en que era hija de Ra, pero también era
su madre. Lo cual nos deja ante una de las primeras versiones de esos juegos de
peripecias en las cuales el héroe resulta ser el hombre que era abuelo de sí
mismo. Alguien que logra tamaña hazaña de nacimiento definitivamente debe ser
muy divertido y Hathor lo era tanto que por eso era la encargada de llevar a
los difuntos al reino de los muertos, de brindarles consuelo y de sujetarles la
escalera para subir al cielo.
Tras este breve encuentro con la
risa convertida en diosa por parte de los egipcios he entendido el afán de los
hebreos (acostumbrados al monopolio de la comedia por parte de su dios) por
escapar hacia Palestina. Asimismo, puedo entender porque a Jesús para escapar
de Herodes se lo llevaron a Egipto. Es que vivir en Israel en esa época debió
ser definitivamente muy aburrido.
Hasta acá quedamos con los
egipcios y la poca información que tengo respecto a su relación con la risa. Lo
mejor de todo es el hecho de saber que para ellos la risa y la alegría venían
de lo femenino (chupate esa Cipriani)[2] La próxima semana nos
meteremos con la civilización sumeria y luego con la griega, la cuna de la
comedia tal y como la conocemos.
Cómo siempre les dejo acá un
enlace a nuestro vídeo de la semana en el canal Cortitos TV:
[1]
PANDORCO Luis, Los dioses increíbles, Ed. Siglo XXI, Madrid, 2011
[2] José Luis Cipriani es el obispo de Lima, reconocido por ser uno de los auspiciadores del machismo a ultranza y de la estupidez más conservadora llevada al extremo. Cipriani es uno de esos tipos a los que las iglesias evangélicas podrían agradecer por espantar fieles, excepto porque las iglesias evangélicas son igual de machistas que la católica y en consecuencia no pueden aprovecharse de esos fieles.

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