lunes, 20 de marzo de 2017

HATHOR Y LA RISA EGIPCIA

Pese a lo que nos muestren en cualquiera de las múltiples versiones de la historia de Moisés la verdad es que los egipcios no eran malas personas. De hecho, ni Moisés ni los hebreos jamás fueron esclavos de los  egipcios, tal y como lo han demostrado las más recientes investigaciones, dado que los egipcios no tenían esclavos, por lo menos no en el sentido que le damos a la palabra esclavo. Los únicos esclavos existentes en Egipto eran los prisioneros de guerra, quienes realizaban trabajos forzados para el faraón y quienes no fueron los encargados de la construcción de las pirámides ya que estás últimas fueron construidas por hombres libres y con salario, lo cual desvirtúa toda la parafernalia impuesta a la descripción de la salida de Egipto por parte de los hebreos. Cuando se habla de un salario no quiere decir necesariamente que estos hombres tenían derecho a prestaciones, prima vacacional, gratificación navideña, ni bono pensional, pero definitivamente si se denota que había libertad. Obvio. Los egipcios eran gente feliz. Por algo aún quedan evidencias físicas de que construyeron algo, no tanto como lo que pasa con los hebreos cuya única evidencia está en la Biblia y en un muro que sirve para lamentarse.
Volviendo a los egipcios, estos tenían en Hathor a la divinidad que representaba a la alegría, la danza, la música y por supuesto la risa. Porque para ellos la risa era algo digno de tener una divinidad y no cualquier divinidad, porque Hathor era ni más ni menos que hija de Ra y esposa de Horus. Eso la pone en un lugar preponderante en el panteón egipcio. A Hathor se le representaba con cabeza de vaca, o como una vaca entera con la piel manchada de estrellas. En español colombiano vulgar podía decirse que Hathor era “la vaca que más cagaba”, tanto así que su influencia alcanzó a las iglesias cristianas del siglo XVI, gracias a un ritual conocido como “Risus Paschalis” en el cual los sacerdotes no solo se atrevían a ser graciosos (o pretenderlo) sino que en aras de lograr la risa terminaban hasta haciendo cosas obscenas desde el pulpito[1], algo que en ese entonces era considerado gracioso y ahora es considerado asqueroso.  
Ahora, si bien es cierto que no en todas las versiones Hathor es la esposa de Horus, ya que en algunos mitos aparece como su madre, todas coinciden en que era hija de Ra, pero también era su madre. Lo cual nos deja ante una de las primeras versiones de esos juegos de peripecias en las cuales el héroe resulta ser el hombre que era abuelo de sí mismo. Alguien que logra tamaña hazaña de nacimiento definitivamente debe ser muy divertido y Hathor lo era tanto que por eso era la encargada de llevar a los difuntos al reino de los muertos, de brindarles consuelo y de sujetarles la escalera para subir al cielo.
Tras este breve encuentro con la risa convertida en diosa por parte de los egipcios he entendido el afán de los hebreos (acostumbrados al monopolio de la comedia por parte de su dios) por escapar hacia Palestina. Asimismo, puedo entender porque a Jesús para escapar de Herodes se lo llevaron a Egipto. Es que vivir en Israel en esa época debió ser definitivamente muy aburrido.
Hasta acá quedamos con los egipcios y la poca información que tengo respecto a su relación con la risa. Lo mejor de todo es el hecho de saber que para ellos la risa y la alegría venían de lo femenino (chupate esa Cipriani)[2] La próxima semana nos meteremos con la civilización sumeria y luego con la griega, la cuna de la comedia tal y como la conocemos.
Cómo siempre les dejo acá un enlace a nuestro vídeo de la semana en el canal Cortitos TV:




[1] PANDORCO Luis, Los dioses increíbles, Ed. Siglo XXI, Madrid, 2011

[2] José Luis Cipriani es el obispo de Lima, reconocido por ser uno de los auspiciadores del machismo a ultranza y de la estupidez más conservadora llevada al extremo. Cipriani es uno de esos tipos a los que las iglesias evangélicas podrían agradecer por espantar fieles, excepto porque las iglesias evangélicas son igual de machistas que la católica y en consecuencia no pueden aprovecharse de esos fieles. 

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