viernes, 9 de junio de 2017

Humor de mis amores

Una de las cosas más complicadas para cualquier persona es definir el amor. Cuando nos preguntan sobre el amor hablamos de deseo, de querencia, de sentimientos, de parejas, de padres, de hijos y hasta de abejitas y flores, pero muy difícilmente llegamos a una definición universal porque el amor es un concepto tan etéreo, tan indescriptible como el sabor de una Coca-Cola, como el placer de un beso o como el humor de Woody Allen. De hecho, el humor de Woody es un poquito más indefinible que el amor, no por ser él quien lo hace sino porque es humor, y el humor es tanto o más indefinible que el amor.


Un niño le mete un chicle a la boca a un perro, el perro pasa el chicle de un lado a otro, mueve la boca, los dientes, trata de escupir y en tanto lo hace parece que estuviera hablando, tú te ríes, la situación es graciosa, es cómica, pero definitivamente no es humorística. La diferencia está en lo que hay detrás de la situación. El humor resulta a partir de un ejercicio del pensamiento. Nace de un proceso metódico, de un desafío impuesto por el humorista a la lógica del espectador, quien resuelve desde el inconsciente lo que no puede resolver desde la razón.

El uso del humor implica que quien hace buen uso de sus virtudes tenga a bien reinterpretar la realidad a partir de la observación de detalles que escapan de las miradas someras.  Esa reinterpretación nos lleva a ir un paso más allá de la mera enumeración de sucesos hilarantes. Podría decirse que el humorismo, a diferencia de la comicidad plantea la existencia de un metatexto[1], una reflexión crítica que se vislumbra, incluso sin necesidad de ser enunciada.

Podría decirse que todo lo humorístico es cómico en tanto que, como ya lo señalé, no todo lo cómico es humorístico. No se requiere hacer un ejercicio del pensamiento crítico para contar un chiste, pero sí para crearlo y convertirlo en un dardo de la razón. Bajo esa premisa, quienes escenifican el humor no son necesariamente humoristas y quienes lo crean no necesariamente son comediantes[2]. Para ejemplificar esta afirmación puedes pensar en alguien que ejerce el oficio de contar chistes. Es altamente probable que en su repertorio él tenga los mismos chistes populares que cuentas tú, o los que cuenta el tío chistoso de tu familia, con la diferencia de que el cuentachistes cobra por contarlos.

El chiste popular va de boca en oído y de oído en boca[3], crece, se transforma y se perpetúa como tradición. Nuestro cuenta chistes puede contar chistes populares con la obvia intención de ocasionar risa en sus oyentes. Puede que haya una virtud nemotécnica, lingüística e histriónica, pero en el acto de contar chistes no es un ejercicio del pensamiento, de la retórica o de la crítica, como tampoco lo es la recopilación de memes, rutinas ajenas y frases célebres que algunos “comediantes” pretenden pasar como “monólogos” de su autoría[4].

Ahora bien, no te engañes pensando que desvirtúo el chiste popular. Por el contrario, lo valoro como creación colectiva y aprecio la capacidad interpretativa de quienes lo cuentan bien contado, sin aspavientos ni etiquetas, como los contaba tu tío, mi madre o el chófer del bus que te llevaba a la escuela.

Sin más me despido por esta semana invitándoles a leer mis otras anotaciones y a conocer más de mí en mi fan page: 




[1] La tercera forma de trascendencia textual expuesta por Genette, un tipo de texto que habla de otro. Por ejemplo, este comentario, el cual hace referencia al texto que estabas leyendo y mediante el cual te aclaro que sí, que el perro masticando chicle puede ser más gracioso que tú, pero no más inteligente... creo.
[2] Este planteamiento, como todos los que realizo en este blog, es sujeto a discusión, por ejemplo el investigador Pepe Pelayo plantea algo distinto al respecto.   http://humorsapiens.com/articulos-y-ensayos-de-humor/que-es-un-comediante-es-lo-mismo-que-ser-humorista
[3] Aunque la convención de la Unesco para la salvaguarda del patrimonio inmaterial no lo menciona, el chiste popular es una manifestación de la cultura oral y se rige por las mismas dinámicas de continuidad de otras tradiciones.  
[4] Era inevitable, este texto estaba demasiado serio como para terminarlo sin lanzar un palo de ciego. 

domingo, 14 de mayo de 2017

Definición insubstancial de lo cómico

Quería retomar mis consideraciones históricas acerca del humor y de la risa en la historia de la humanidad y para ello que mejor que pensar en Aristófanes. La cosa es que cuando estaba empezando esta anotación recordé que Aristófanes era comediógrafo, una expresión poco usada para referirse a quienes escriben comedia. Y justamente en ese momento vi la necesidad de hacer girar la anotación en torno a quienes profesan la comedia y el humor. Es usual que la gente tenga códigos similares para identificar a todos aquellos que nos dedicamos a esta profesión y que no necesariamente coinciden con lo que nosotros tenemos para ofrecer.  Gente preguntándole a un comediante que hace stand-up si puede contar chistes vestido de señora, o a un clown por qué no cuenta chistes, o a un tío chistoso que porque no va a la televisión.
No pretendo ser dogmático respecto a las definiciones, pero si es importante tener claros algunos conceptos relacionados con la profesión, máxime entre las personas que viven de la risa ajena. En ese sentido, aunque el diccionario de la Real Academia pueda con sus definiciones inducirnos a pensar que cómico, comediante y humorista es lo mismo, hay diferencias substanciales en la forma y en el fondo, tantas como las que existen entre las pecanas y el maní. Algunos dirán que las dos cosas son frutos secos, seguramente que sí, seguramente también hay quienes piensan que un camión y un lamborghini son iguales y quienes creen que el tío chistoso de la familia hace stand-up comedy y debería salir en televisión.

Empecemos por el cómico. La comicidad es un atributo que está un poco mejor repartido que la riqueza, la inteligencia y la belleza. De hecho, un ser humano puede ser pobre, bruto y feo, pero si es gracioso  tiene posibilidades de hacer algo por su vida. No se necesita estudiar para ser cómico. Ni siquiera es necesario ser humano para ser cómico. Un animal puede ser cómico, una situación puede ser cómica, es más, hasta un comediante puede llegar a ser cómico, en particular cuando no quiere serlo. El tío chistoso de la familia entra en la categoría de lo cómico, pero muy difícilmente en lo humorístico. De hecho, el tío chistoso no necesariamente es gracioso en contextos diferentes a los de su entorno. Lo cómico en ese sentido guarda relación con el constructo en el cual sucede. Un buen ejemplo de ello son los chistes relacionados con matemáticas. Un chascarrillo de estos puede no ser comprendido por una parte del público mientras la otra se ríe dos veces, una por la incongruencia del chiste y otra por superioridad, al ver  la cara de quienes no lo entendieron.
La comicidad es inherente, mas no exclusiva de la vis cómica. Esta, es una característica propia de aquellas personas que gozan de la capacidad de hacer reír. No es propiamente un talento sino más bien una especie de predisposición que puede llegar a ser un peso cuando la persona quiere o tiene intereses no relacionados con la risa. Para ejemplificar lo inoportuna que puede ser la vis imagine usted a un árbitro de fútbol cuyas decisiones generan risa y no polémica. Debe ser muy deprimente para este último escuchar carcajadas en lugar de madrazos ¿para qué quemarse las pestañas un árbitro estudiando en el colegio de árbitros si no va a ser insultado de manera digna?
La cosa es que la vis la tienes o no la tienes. Es como los pelos en la nariz. Te los puedes arrancar pero siempre crecerán de nuevo, lo cual puede ser muy inoportuno a no ser que seas conductor de camión, en cuyo caso te harán ver más rudo. En ese sentido a quienes tienen profesiones relacionadas con el humor les sería útil la vis. No quiere decir que no puedan hacerlo, tan solo que deberán suplir su ausencia con el afianzamiento de la técnica, el fortalecimiento de las herramientas, la habilidad para apropiar memes y rutinas ajenas o la capacidad para lograr que tus amigos te conviertan en el tío gracioso de sus reuniones hasta el punto de estar dispuestos a pagar por ello. Piénsalo así: la vis es como un gen mutante que te da poderes. Si los tienes, pero no los sabes usar estas jodido. Si no los tienes pero los deseas, te toca sustituirlos. Lo puedes hacer con técnica como lo hace Punisher o lo puedes hacer con cosas que compras como lo hace Iron Man con sus armaduras o lo hacen algunas personas con su público. Cuando no tienes la vis, todavía te quedan la técnica y buen marketing para ser exitoso.

En mi próxima anotación hablaré de lo que implica ser comediante y sus diferencias con ser cómico, un tema un poquito polémico en torno al cual suelen girar las conversaciones de los “estandaperos” un poquitín antes de empezar a odiarse. Mientras tanto, los invito a dejar sus comentarios y a seguirme en mi fan page*. Nos vemos.  





viernes, 21 de abril de 2017

HIPÓTESIS DE LA RISA ESTRESANTE O EL ESTRÉS RISUEÑO

Este blog no sería lo mismo si yo siguiera un orden lógico en las anotaciones. La verdad acerca de esta anotación es que yo mismo no sabía dónde ponerla. Supongo que debí  hacerlo al principio, antes de embarcarme en el estudio histórico de la risa. Lo digo porque no tiene sentido hablar por ejemplo de la historia del condón sin saber primero que es un condón. La cosa es que tengo una teoría. De hecho es una hipótesis porque aún no la he podido probar. De cualquier forma la plantearé, como ejercicio de la razón, como excentricidad o como acto de egolatría si se quiere. Da lo mismo. Igual esto es un resumen de mi postura.
Estoy convencido de que toda risa es un reflejo ante el estrés por pequeñas situaciones. Por eso nos reímos cuando mentimos y cuando nos asustamos. La risa, aparece de forma espasmódica, una sola silaba[1] repetida una y otra vez, como un indicador de la satisfacción del usuario con la calidad del suceso que la origina. De hecho, podría decirse que entre mayor sea la cantidad de estrés en lapsos cortos de tiempo mayor será la risa como consecuencia liberadora. Quizá te estés preguntando en este momento si el estrés originado por un divorcio genera risa, yo te podría decir que sí, que con el tiempo te vas a reír y que al hacerlo vas a sentir alivio. Mi hipótesis sin embargo no va por ahí. De hecho lo que te hará reír con el paso del tiempo no será tu divorcio sino las lucubraciones acerca del mismo las que te darán risa y no como reacción directa ante tus pensamientos sino ante la reacción de los otros ante los mismos[2].  
Para el caso que nos atañe, el proceso de creación del humor[3] es un proceso propio de la mente racional, lógica. El rompimiento de los paradigmas de la mente consciente hace que se genere el humor. Del otro lado, el del público, nos reímos ante lo que la mente consciente no puede procesar como algo lógico. Nuestra mente inconsciente, responsable de una cantidad enorme de procesos en nuestro cuerpo, desde la respiración hasta la digestión, pasando por los latidos del corazón y las erecciones. Una manifestación de nuestra mente inconsciente es lo que se conoce como el monologo interior. El monologo interior es esa vocerita que en este momento te está diciendo que ya es hora de irte de rumba, que tu novio no te ha llamado o que se pregunta a donde quiero llegar con este discurso. Esto pasa porque el lenguaje del ser humano no solo es comunicativo sino que es generativo. Pensamos con palabras. Hasta la persona más visual usa el lenguaje para consolidar su pensamiento. La existencia del monólogo interior es el motivo por el cual las religiones suelen tener letanías y oraciones, con el objeto de poner la mente en blanco mediante la repetición de frases sin sentido.
Quien observa una situación humorística construye un final posible para la misma[4]. Lo hace a través del pensamiento y por ende del lenguaje, del monologo interior. Mientras piensa se estresa y cuando por fin llega la resolución de parte del humorista, la cual no coincide con su propia resolución se genera una pequeña reacción, digámoslo así una especie de ruptura del pensamiento lógico, con la consecuente reacción de parte del inconsciente: soltar la risa, espasmódica, repetitiva, liberadora de dopamina que ayuda a que nuestro cuerpo tenga una sensación de bienestar.
Sí fuera experto en el manejo de las herramientas virtuales estaría tapado en dinero. Sin embargo, algo que sí sé es que las entradas a un blog no deben ser tan extensas. Dejaré este tema por acá y lo continuaremos desarrollando de a pocos. Quizá de acá a la otra semana me llegue la luz que no me ha llegado en los últimos dos años que son el tiempo que llevo desarrollando esta hipótesis y termine convirtiéndola en teoría. Nos vemos la otra semana. Si te gusto esta entrada te invito a seguirme en https://www.facebook.com/Leoleoncomediacuento/






[1] No conozco la primera persona en este mundo que se ría diciendo el grupo completo de vocales (ja, je, ji, jo y ju) y de existir esa persona me parecería un tanto psicótica.  
[2] Sé que esto está muy enredado, pero, es que es el planteamiento de una hipótesis y no la letra de una canción de reguetón.
[3] Planteando el humor como proceso mental, ver a tu jefe golpearse la ingle contra la esquina de su escritorio por accidente es gracioso, es cómico, pero no es humorístico.
[4] Si quieres saber un poco más acerca de ello se trata de la teoría de la incongruencia de  Arthur Schopenhauer.

jueves, 13 de abril de 2017

EL DRAMA DE LA COMEDIA

Y seguimos con los griegos. En el intrincado universo de lo que nos resulta risible aparece la comedia. Y como muchas cosas consideradas maravillosas en nuestro mundo la comedia proviene de Grecia. Obvio. A pesar de lo que puedan pensar los cristianos más recalcitrantes, las mejores cosas que nos legó la antigüedad provienen de los griegos y no de los judíos. Los griegos nos dejaron la filosofía, el teatro, la democracia, el tornillo, los juegos olímpicos, la robótica, la ducha, el despertador, el faro, y el respeto por la diversidad sexual. Los judíos de la antigüedad por su parte inventaron un dios y un libro donde dice que ellos son el pueblo elegido y los demás somos un poco más que reses. La cosa es que además nos convencieron que esa es la verdad, lo cual es la madre de todas las conspiraciones.  Hay que admitir que los judíos son muy inteligentes.
Volviendo a la comedia, hablar de ella implica verla como un drama. Y es que la comedia no es lo contrario del drama sino que forma parte del mismo. De hecho, fue Aristóteles quien planteó en “La Poética”  que al drama pertenecen la comedia, la tragedia, el melodrama y la tragicomedia. De ahí que llegar a pensar el drama como opuesto a la comedia es simplemente un despropósito. De hecho, Woody Allen plantea que la comedia es tragedia más tiempo[1] en lo cual tiene razón, a pesar de ser judío, pero es que los judíos de ahora son un poco más divertidos que los de antes, y también un poco más jodidos.
Considerando lo anterior, para entender la comedia habría que entender primero el drama, precisar sus alcances y poder así vislumbrar que hay más allá de la risa en la comedia. Y para entender el drama hay que considerar que, a pesar de lo que coloquialmente la gente entiende por drama[2], el drama tiene que ver con el hacer o con el actuar[3] y aun cuando está ligado al teatro no es lo mismo. El teatro es la concreción del drama, con lo que ello conlleva[4], en tanto que el drama hace referencia directa a los elementos lingüísticos[5]  de la puesta en escena. El drama está hecho para ser representado ante un público, característica que lo aparta de otros géneros literarios[6].
Dadas las condiciones del drama y lo complejo que puede resultar definirlo podemos decir en resumen que la comedia es un drama, que el teatro es la concreción del drama y que el drama es acción. Luego, si te enredaste, puedo decirte con total respeto que, sí tres personas pueden ser una según la doctrina trinitaria, esto no es tan complicado de entender. Ahora bien, sin acción no hay drama, sin representación el drama queda en el papel cuando su destino está en ser visto por los espectadores. La representación de un drama es un suceso escénico y este a su vez se hace tangible cuando transcurre fuera de lo cotidiano. El suceso escénico ocurre ante un público voyerista y en consecuencia requiere que la acción interpretada tenga una intención exhibicionista por parte de quien interpreta el texto dramático.
Bueno, por lo pronto dejaremos a los griegos hasta la próxima semana, puesto que es necesario hablar de ellos por lo menos en un par de entregas más de este blog. No olviden compartir este blog si les ha gustado y visitar nuestro canal de YouTube: Cortitos TV.


Nos vemos.      




[1] Frase dicha por el personaje de Lester (Alan Alda) en “Delitos y Faltas” (1989)
[2] Frases como: “deje de llorar, deje de hacer drama” o “terminamos y me armó un drama” dichas coloquialmente significan algo diferente a su significado leopoligonal (uso esta expresión dado que no conozco ni he encontrado ningún antónimo de coloquial, con lo cual me puedo tomar el atrevimiento de crear esta palabra sin que nadie pueda decir nada.
[3] Actuar como verbo que evoca la acción y no la actuación.
[4] El teatro incluye todos los elementos de una puesta en escena, incluyendo la música, la actuación y la danza como factores conjugados en una representación escénica.
[5] El drama es en ese sentido el texto que sirve de punto de partida para la puesta en escena de una obra teatral propiamente dicha.  
[6] Sí, la cosa es que el drama es en esencia un género literario.

viernes, 31 de marzo de 2017

CUANDO MOMO NO ERA UN MEME

Nada que hacer. Me dirán que la civilización china es muy antigua aunque no han podido fabricar buenos carros, ya los hinduistas me dirán que ellos fueron primero y que en los vedas está descrita incluso una explosión nuclear, ya los arqueólogos peruanos me dirán que hay indicios de que la primera ciudad fue construida en el Perú, ya los cristianos me dirán que Moisés y los judíos se la pasaban caminando y por eso no habían construido nada importante, ya los fanáticos de las conspiraciones me dirán que los sumerios y los acadios fueron los que vieron a los creadores que se hacían pasar por dioses y así cada uno argumentará si quiere. Pero, nada que hacer, los griegos fueron, han sido y seguirán siendo los papás de los pollitos en lo que a la civilización se refiere. Por eso merecen uno, dos, tres post. Por eso merecen un blog entero.
Y que mejor manera de hablar de los griegos que empezar por hablar del gran Momo (Momus entre los romanos) el rey de la burla, el master off puppets de la risa griega. Y es que mientras para los judíos la burla era un pecado para los griegos la burla merecía tener su propio dios, el cual también lo era por cierto también de los escritores y poetas, lo cual prueba su naturaleza irónica puesto que hay poetas y escritores que dan tristeza. De hecho, también hay comediantes que dan vergüenza, pero  hasta esos también tienen sus seguidores.
La primera referencia escrita de Momo se la debemos a Hesíodo, en la Teogonía[1]. En el verso 214 se dice que la madre de Momo era Nix, la noche. Algo que no me sorprende si consideramos la cantidad de poemas que llevan por título “Nocturno” y que no abundan los clubes de comedia diurnos. Sobre el padre de Momo hay versiones que lo relacionan con Hipnos, el dios del sueño, quien también era hijo de la noche, algo bien jodido y poco considerado. Ahora, en lo particular esta versión se me antoja tergiversada, si tenemos en cuenta que bajo esa circunstancia Hipnos era hermano y padre de Momo, lo cual no sería raro, de no ser porque el mejor anticonceptivo que existe es el sueño. Debe ser una broma. ¿O no? Quizá si tiene sentido.
A Momo todo le era objeto de burla. Según Luciano de Samosata lo refiere en “Hermotimus” el risueño rey se burló de Hefesto por haber fabricado a los hombres sin puertas que les permitieran ver sus pensamientos. Algo bien particular, si consideramos que la tradición menciona que Hefestos no creó a los hombres (eso lo hizo Prometeo) sino a la mujer, y que definitivamente, ésta no se habría visto nada bien con una muerta en el pecho. Supongo que debe ser un chiste muy fino para la época, máxime cuando fue capaz de burlarse de la obra del maltrecho dios y no de sus deformidades.
Boccaccio describe en el “Filostrato” que Momo llegó a  burlarse de Venus (como buen italiano la menciona como Afrodita), de lo chirriante de sus sandalias y de lo parlanchina que era, lo cual nos lleva a pensar que los chistes sobre zapatos, estupideces y mujeres lindas ya eran un lugar común en el Olimpo, con una diferencia sobre nuestro tiempo: Ahora, quienes hacen chistes sobre ese tema son puestos en la mira de las organizaciones feministas en tanto que al buen Momo lo exiliaron de la morada de los dioses. Es que los chistes sobre divas en aquella época tenían tintes políticos.
Momo fue expulsado del Olimpo, pero, paradójicamente sigue más vidente que nunca. De hecho en cada carnaval se hace presente, le hacen tributos, lo homenajean y hasta lo representan. Carnavales como el de Río o el de Barranquilla lo ponen como figura central. Normalmente lo muestran cómo un gordo demasiado glotón y bastante borracho para imaginarlo como la representación del sarcasmo, la ironía y el humor fino, pero supongo que esa es la maravillosa manera de continuar con la gran broma del dios de la Burla.



[1] Hesíodo escribió la Teogonía, un texto que trata del nacimiento de los dioses. Cuenta la leyenda que Nietzsche escribió la Teoagonía, un tratado sobre la muerte de Dios.  

lunes, 20 de marzo de 2017

HATHOR Y LA RISA EGIPCIA

Pese a lo que nos muestren en cualquiera de las múltiples versiones de la historia de Moisés la verdad es que los egipcios no eran malas personas. De hecho, ni Moisés ni los hebreos jamás fueron esclavos de los  egipcios, tal y como lo han demostrado las más recientes investigaciones, dado que los egipcios no tenían esclavos, por lo menos no en el sentido que le damos a la palabra esclavo. Los únicos esclavos existentes en Egipto eran los prisioneros de guerra, quienes realizaban trabajos forzados para el faraón y quienes no fueron los encargados de la construcción de las pirámides ya que estás últimas fueron construidas por hombres libres y con salario, lo cual desvirtúa toda la parafernalia impuesta a la descripción de la salida de Egipto por parte de los hebreos. Cuando se habla de un salario no quiere decir necesariamente que estos hombres tenían derecho a prestaciones, prima vacacional, gratificación navideña, ni bono pensional, pero definitivamente si se denota que había libertad. Obvio. Los egipcios eran gente feliz. Por algo aún quedan evidencias físicas de que construyeron algo, no tanto como lo que pasa con los hebreos cuya única evidencia está en la Biblia y en un muro que sirve para lamentarse.
Volviendo a los egipcios, estos tenían en Hathor a la divinidad que representaba a la alegría, la danza, la música y por supuesto la risa. Porque para ellos la risa era algo digno de tener una divinidad y no cualquier divinidad, porque Hathor era ni más ni menos que hija de Ra y esposa de Horus. Eso la pone en un lugar preponderante en el panteón egipcio. A Hathor se le representaba con cabeza de vaca, o como una vaca entera con la piel manchada de estrellas. En español colombiano vulgar podía decirse que Hathor era “la vaca que más cagaba”, tanto así que su influencia alcanzó a las iglesias cristianas del siglo XVI, gracias a un ritual conocido como “Risus Paschalis” en el cual los sacerdotes no solo se atrevían a ser graciosos (o pretenderlo) sino que en aras de lograr la risa terminaban hasta haciendo cosas obscenas desde el pulpito[1], algo que en ese entonces era considerado gracioso y ahora es considerado asqueroso.  
Ahora, si bien es cierto que no en todas las versiones Hathor es la esposa de Horus, ya que en algunos mitos aparece como su madre, todas coinciden en que era hija de Ra, pero también era su madre. Lo cual nos deja ante una de las primeras versiones de esos juegos de peripecias en las cuales el héroe resulta ser el hombre que era abuelo de sí mismo. Alguien que logra tamaña hazaña de nacimiento definitivamente debe ser muy divertido y Hathor lo era tanto que por eso era la encargada de llevar a los difuntos al reino de los muertos, de brindarles consuelo y de sujetarles la escalera para subir al cielo.
Tras este breve encuentro con la risa convertida en diosa por parte de los egipcios he entendido el afán de los hebreos (acostumbrados al monopolio de la comedia por parte de su dios) por escapar hacia Palestina. Asimismo, puedo entender porque a Jesús para escapar de Herodes se lo llevaron a Egipto. Es que vivir en Israel en esa época debió ser definitivamente muy aburrido.
Hasta acá quedamos con los egipcios y la poca información que tengo respecto a su relación con la risa. Lo mejor de todo es el hecho de saber que para ellos la risa y la alegría venían de lo femenino (chupate esa Cipriani)[2] La próxima semana nos meteremos con la civilización sumeria y luego con la griega, la cuna de la comedia tal y como la conocemos.
Cómo siempre les dejo acá un enlace a nuestro vídeo de la semana en el canal Cortitos TV:




[1] PANDORCO Luis, Los dioses increíbles, Ed. Siglo XXI, Madrid, 2011

[2] José Luis Cipriani es el obispo de Lima, reconocido por ser uno de los auspiciadores del machismo a ultranza y de la estupidez más conservadora llevada al extremo. Cipriani es uno de esos tipos a los que las iglesias evangélicas podrían agradecer por espantar fieles, excepto porque las iglesias evangélicas son igual de machistas que la católica y en consecuencia no pueden aprovecharse de esos fieles. 

martes, 14 de marzo de 2017

LOS JUDIOS Y LA RISA DIVINA

Pese a lo que puedan hacernos pensar los fanáticos religiosos, Dios es en verdad divertido. De hecho, puede sonar a blasfemia, pero pienso que en verdad este mundo y sus criaturas somos una gran broma divina. Los judíos de la antigüedad no pensaban lo mismo que yo. De hecho, en el Tanaj (el Antiguo Testamento de la cristiandad) se hace diferencia entre dos formas de risa. Una risa viene de la gracia divina. Es una risa que surge como manifestación de la felicidad que implica el ser observado por Dios. La otra es la que surge cuando nos burlamos del otro. Esa es considerada como un pecado. Ahí entonces aparece algo aterrador. El Dios del Antiguo Testamento le gustaba hacer chistes pero no que los demás los hicieran.
Sé que lo que acabo de afirmar puede sonar fuerte pero en todo el Antiguo Testamento están las pruebas de mi afirmación. En principio, no hay uniformidad acerca del nombre de Dios. Le han dado tantos nombres que uno ya se pierde tratando de mencionarlo. Yahveh, Yahvé, Jehová, Jehovah, Iehoua, Adonay, Elohim, y unas treinta versiones adicionales del nombre de Dios. Quería saber que podía sentir Dios mientras confundía con su nombre a los mortales, así que pasé cinco veces al día, durante un mes, por cinco sucursales distintas de Starbucks, donde pedía un café y cuando me preguntaban el nombre les daba tres versiones distintas: Bryan (como el Brayan), Azrael (como el arcángel de la muerte) y Enli (como el dios sumerio). Los resultados fueron notorios:
Cuando decía que me llamaba Bryan invariablemente escribían Brayan en el vaso y cuando me llamaban a la barra de café la gente me miraba con miedo. Cuando decía que me llamaba Azrael escribían en el vaso cualquier cosa con cualquier ortografía: Israel, Ismael, Asnael, Asrael. Cuando por fin alguien acertó el nombre me miró, sonrió y me dijo: ¡cómo el gato de Gargamel! En cambio, cuando dije llamarme Enlil nadie me preguntó que si era el mismo Yahveh de los judíos. Es que parte del sentido del humor de Dios era cambiarse el nombre según el local donde se presentaba.
Ahora, las bromas de Dios eran medio pesadas. Por ejemplo poner a Abraham a matar a su hijo y a última hora salirle con que no, es un chiste bien pesado. O sacar a Lot de
Sodoma y luego convertir a su esposa en estatua de sal por voltear a mirar. Esa broma ya fue pesada. De hecho, el solo acto de plantar un árbol en el Edén y decirles que no prueben la fruta ya es demasiado. El Dios de los judíos, el del Antiguo Testamento definitivamente tenía sentido del humor, un poco retorcido, pero lo tenía.
Un par de párrafos más arriba afirmé que a Dios le gustaban los chistes propios pero no los ajenos. De hecho, este párrafo del Génesis nos da luces respecto a los shows que organizaba Dios en tiempos de los patriarcas bíblicos: Y dijo Sara: Dios me ha hecho reír; cualquiera que lo oiga se reirá conmigo.[1] La cosa es que nadie más andaba contando chistes en esa época. De hecho, si te reías del chiste de otro Dios te podía castigar. Los chistes de calvos por ejemplo eran penados con la muerte, tal como se evidencia cuando unos niños se burlaron de la alopecia de Elíseo y Dios hizo que dos osos los mataran (42 niños por un chiste)[2].
Podría profundizar más acerca del sentido del humor de Dios, imaginarlo por ejemplo en tiempos modernos con un micrófono diciendo: Buenas noches, me llamo Yahveh y mi mayor problema es que yo soy mi padre. Eso no es nada, logré convencer a todos que el hijo de Dios era mi hijo. Eso debería dar risa, ya si no se ríen veré la forma de que les llueva fuego del cielo partida de gomorreos. Gracias por esos aplausos. 





[1] Génesis 21:6

[2] Reyes 2: 23-25